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  • Revista GEFAO

El Buceo en el Imperio Azteca.

Cuando profundizamos en el estudio de la historia de México nos encontramos con grandes sorpresas, como el maravilloso conocimiento del arte del buceo que ejercieron nuestros antiguos mexicanos, y que aún existen vestigios de esta técnica en las enormes obras hidráulicas realizadas en el bello lago de Tenochtitlán, como en los puertos o muelles de las playas del Magno Imperio Azteca.

Mucho se ha discutido si nuestros antiguos mexicanos tuvieron barcos para el comercio marítimo, pues al parecer, según algunos antropólogos, los Aztecas no usaron barcos de alto calado, pero, sin embargo, otros investigadores, han descubierto la existencia de muelles que fueron utilizados en aquella época.

Se ha comprobado que los Aztecas conocieron el buceo, pues en las obras hidráulicas que realizaron utilizaron buzos para poder llevar a cabo dichas tareas, como el trabajo a varios metros de profundidad dentro del mar y en el lago de Tenochtitlán.

Respecto a los muelles y el arte de bucear, el investigador Christian Siruguet explica que, en la zona arqueológica de Tulum, Quintana Roo, destacan los vestigios de un edificio que mira hacia el mar, como una fortaleza o torre vigía.

Agrega que entre esa construcción y el mar se interponen tramos calcáreos capaces de rebanarle la piel a cualquiera. El investigador asegura que estos tramos calcáreos fueron cortados para dejar paso libre a los barcos mayas.

Siruguet, dijo que, a los lados de la pirámide principal, a pique sobre el mar, los constructores derribaron el cantil de 12 metros de alto, para formar dos pequeñas playas de desembarque. Los escombros sirvieron de basamento a algunos de los monumentos y de material para el grueso paredón que rodea la ciudadela.

Explicó que otros yacen en el fondo del mar entre la playa y la línea de arrecifes que corre, por kilómetros, ininterrumpida, frente a la costa: Hay una sola brecha en esa barra y está exactamente frente a Tulum.

Para permitir el paso de sus barcos, señaló, los mayas cortaron coral sobre 14 metros de ancho, 30 metros de largo y 8 de profundidad. Para quitar esa mole de piedra orgánica compacta y cortante sin explosivos, tuvieron que utilizar buzos.

El escritor Antonio Aspiros en su obra “El Gran Reportaje Maya”, explica que el investigador Siruguet es, además, uno de los más experimentados buzos -instructor de buceo-, incluso que conocemos. Él puede hablar con propiedad sobre este acondicionamiento portuario, porque debe haberse sumergido en la región tantas veces como haya querido para hacer sus mediciones, observaciones y deducciones.

El investigador franco mexicano Siruguet, respecto a la navegación, afirma que “consta que Cristóbal Colón avistó verdaderas naves de altura de origen Maya dedicadas al comercio con las Antillas. Treinta años después de la caída de Tenochtitlán no quedaba rastro de ellas”.


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