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  • Revista GEFAO

Construcciones Aztecas las más grandes del Mundo

LA ARQUITECTURA TAMBIÉN formaba parte de la cultura de nuestros antiguos mexicanos, y los vestigios encontrados últimamente en diversas partes del continente, dan fe de la grandeza de nuestro pasado, y se comprueba que ellos lograron construir los conjuntos habitacionales más grandes del mundo, así como ciudades subterráneas, que, según algunos investigadores, fueron utilizadas como refugios antinucleares.


Respecto a los conjuntos habitacionales, el autor del libro “Las Ciudades Desaparecidas”, explica que los náhuatl conocidos como Anasazi en la región de Arizona y Nuevo México, construyeron un enorme Centro Habitacional de hectárea y media, con 800 viviendas que albergaban a más de mil 200 personas.


Esa construcción habitacional era el mayor edificio de apartamentos conocido en el mundo, hasta que se construyó uno más grande en Nueva York en 1882.

Los pueblos más antiguos de los Anasazi se encuentran en el cañón del río Chaco, en Nuevo México. Este río es un afluente de San Juan, que riega todo el noroeste del estado. En el cañón del mismo río, se han descubierto doce grandes grupos de vestigios entre las que se encuentran algunas de las más atrevidas construcciones que ha conocido América del Norte.


De esas construcciones, la más grande es la de Pueblo Bonito, situada en el valle, pegado al farallón, forma una gran “D” con la cara curva hacia el norte y la rectilínea hacia el sur y el río. A partir de esta última se levantan las viviendas en semicírculo alrededor de la plaza central, a modo de un gigantesco anfiteatro.


Este enorme centro habitacional tiene muros macizos, hechos de adobe o de piedra forrados con losas de arenisca, bien ajustados que es difícil introducir entre ellas la hoja de un cuchillo.


Las habitaciones son grandes, aproximadamente de 4 por 5 metros, con los techos formados por dos vigas maestras en cruz que sostienen una serie de troncos cubiertos con esteras de corteza de sauce y de mimbre. Cubría el conjunto una capa de adobes. Estas techumbres eran lo bastante resistentes para soportar el suelo de las otras habitaciones. Y además contaban con puertas y ventanas que daban al patio central. Asimismo, tenían habitaciones sin ventilación que servían de graneros, en tanto las terrazas, eran utilizadas para las actividades cotidianas.


Las viviendas eran confortables, aisladas del frío y el calor por el grosor de sus paredes. El suelo estaba cubierto de esteras de corteza de sauce y las camas guarnecidas de pieles finas.


En Pueblo Bonito, como en los demás pueblos Anasazi, la vida cotidiana dependía fundamentalmente de la agricultura, principalmente de la siembra del maíz, calabaza y frijol. Asimismo lograron desarrollar técnicas de riego: El agua de lluvia era conservada en cisternas, desde donde era distribuida por una red de acequias hacia las zonas de cultivo. Este sistema del control del agua permitió aumentar la producción agrícola.


Según algunos investigadores, las familias Anasazi abandonaron sus enormes c e n t r o s habitacionales a comienzos del siglo XVI de nuestra Era p a r a instalarse a orillas de los ríos o en mesetas menos desérticas, donde aún viven sus descendientes, los Zuñis y los Hopis.


El gran pueblo del cañón de Chavero en su obra “México a través de los siglos”, afirma que las sociedades Ulmecas, Xicalancas y Maya Quichés, poblaron las regiones del sur de México, así también la ribera del río Mississipi y las regiones de Michigan, Estados Unidos.

En su obra, Chavero nos indica que cerca de Bourneville hay otro campo amurallado de ciento cuarenta acres. En Fort-Ancient hay una meseta que está a 230 pies sobre el río Miami y en ella el terraplén tiene 4 millas de largo y en algunas partes 18 y 20 pies de altura. Se calcula que solamente en aquella región hay 306 millas de terraplenes fortificados. Esto basta para dar idea de que allí hubo una poderosa nacionalidad y gran número de ciudades amuralladas.


Agregó que el antropólogo estadounidense Peet, cree que más al Sur la arquitectura tuvo mayor desarrollo, pues da fe al dicho de Garcilaso de la Vega, cronista español, de que los caciques de esa región vivían en palacios. Que nos perdonen el cronista y el antropólogo, pero no se encuentran ni los vestigios de una sola pared de uno de esos palacios, y no son esos monumentos de los que se tornan en polvo que el viento arrastra.


Lo anterior nos indica que de aquellas grandes ciudades Ulmecas no quedó un solo edificio, sino solamente los terraplenes que servían, supuestamente de murallas.


Los cronistas al referirse al Señor Quetzalcóatl, cuando éste fue rey de la gran Tula, Imperio Tolteca, mandó a construir grandes obras, entre estas, ciudades subterráneas, las cuales aún no han sido encontradas en nuestra nación pero que si existen.


Para comprender lo anterior, acudiremos a Turquía, donde se encuentran las ciudades subterráneas de Kaymakli y Derinkuyu, en las localidades de Nevsehir y Nidge, y que hoy son atracción turística desde que el gobierno turco autorizó a visitarlas.


Según antropólogos turcos, son aproximadamente 14 las ciudades subterráneas, pero las dos anteriores, están compuestas de 13 niveles hacia abajo y tenían cupo para aproximadamente un millón 200 mil personas.


Estas ciudades contaban con salones para reuniones con recámaras, pasillos, con accesos provistos de puertas grandes y redondas. En los niveles inferiores había: Sepulturas, armas, galerías de escape y pozos de ventilación. Se piensa que eran refugios para vivir mucho tiempo y antiatómicos. En su exterior no hay un solo vestigio de construcción


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